El Método Ardila nace de más de 25 años de experiencia directa en jefatura de obra. De dirigir obras, tomar decisiones con información incompleta, planificar, negociar, controlar costes, preparar tajos y resolver condicionantes mientras la producción sigue avanzando.
Antes de entrar de lleno en la gestión diaria existe un trabajo que condiciona todo lo que viene después. Hay que entender la obra como un conjunto. Ordenar cómo debe producirse. Construir una lógica de producción coherente. Comprobar que puede sostenerse. Y preparar la forma en la que después se controlará su evolución.
La primera parte del Método ocurre antes de entrar plenamente en la gestión cotidiana de la obra. Es el momento de construir su estructura global, definir cómo debe avanzar la producción, identificar los condicionantes que pueden afectarla y dejar preparadas las bases sobre las que después se controlarán el plazo, la economía, la contratación y la ejecución.
Después de organizar la obra, empieza otra fase. La obra entra en movimiento y producción. Aparecen contradicciones, decisiones, cambios y tajos que se acercan. El Método Ardila lo hace mediante ciclos continuos que permiten mirar lo que viene, preparar lo necesario, actuar sobre lo que puede condicionar la producción y comprobar después qué está ocurriendo realmente.
No se puede dirigir bien aquello que no se entiende. Conocer cómo se ejecuta una unidad permite planificarlo, contratarlo, prepararlo, negociarlo y controlarlo. El conocimiento de la ejecución sigue siendo una de las herramientas más importantes de un jefe de obra.
Significa crear las condiciones para que puedan hacer su trabajo. Que tengan lo que necesitan, que las decisiones estén tomadas anticipadamente y que la secuencia tenga sentido.
La confianza se construye con tiempo. Cuando conoces lo que está ocurriendo, planteas decisiones con fundamento y cumples lo que has comprometido.
Planificación, economía, contratación, producción, ejecución, negociación y control no funcionan por separado. Se afectan continuamente.
El Método Ardila los conecta. Porque dirigir una obra exige entender qué relaciones existen entre lo que decidimos hoy y lo que tendrá que ocurrir después.
El Método Ardila proporciona una estructura desde la que ordenar y dirigir el trabajo del jefe de obra. Planificación, control económico, contratación, preparación, producción, negociación, ejecución y toma de decisiones forman parte de una misma manera de trabajar.
El Método Ardila se aplica en empresas a través de formación, trabajo sobre obras reales y consultoría de Producción. El objetivo es entender qué está ocurriendo, detectar qué decisiones requieren atención y convertir parte de la experiencia acumulada en una forma de trabajo que pueda compartirse dentro del equipo.
No sobre una obra ideal. Cada proyecto tiene sus condicionantes. Cada empresa organiza Producción de una manera. Y cada equipo parte de una experiencia distinta.
Una metodología útil no sustituye a quien dirige. Le da una base mejor desde la que hacerlo.

He preparado una guía en la que explico la estructura general sobre la que puedes organizar una obra desde su preparación inicial hasta los ciclos que acompañan después su dirección.
Cómo organizar la gestión de obras.
Una visión ordenada del sistema de trabajo que hay detrás del Método Ardila.
La tecnología puede ayudar a analizar información, relacionar datos, automatizar determinadas tareas y detectar antes situaciones que merece la pena revisar. Pero ninguna tecnología decide por sí sola qué importa en una obra.
En PCA, la tecnología parte del Método y no al revés. Sobre esa base se están desarrollando nuevos sistemas de apoyo a Producción capaces de llevar parte de ese conocimiento a nuevas formas de trabajo.
El Método marca la forma de dirigir. La tecnología amplía hasta dónde puede llegar.